septiembre 3, 2020

Para escuchar, no basta con oír, es necesario interpretar lo que el otro dice.

Mientras no haya interpretación, no hay escucha. La interpretación es el corazón de la escucha.

Sin embargo, solamente oír no es suficiente, porque estaríamos dejando de lado los otros sentidos donde encaja la percepción, por ejemplo, de los movimientos corporales de la persona. De ahí la fórmula:

Escuchar = Percibir + Interpretar

Efectivamente, si solamente oímos, dejamos de lado la percepción de la expresión del otro y poner atención a esto que también comunica es muy importante.

Ahora, tenemos un reto, salvar la brecha inevitable por el sentido que el oyente le da a nuestras palabras, emociones y expresiones.

Esta no es una buena noticia. Esto nos muestra que la “plena” comprensión e identificación entre dos individuos es imposible.

“Que toda relación está obligadamente fundada en un sustrato inevitable, mayor o menor, de malentendidos”.

“Pero, ¡calma!, si bien la noticia no es buena, es conveniente enterarse de ella, pues nos permite hacernos cargo, nos permite hacernos responsables de la brecha que se produce en toda comunicación, de manera que podamos garantizar que ella permita un espacio viable de coordinación de acciones y que no termine por destruir la relación”.

Siempre existirá una brecha

Pero cuando somos conscientes, podemos cuidarla, podemos tomar acciones para que ella no se convierta en un obstáculo insalvable.

Al reconocer la brecha, descubrimos que disponemos de dos herramientas fundamentales para hacernos cargo del problema que nos plantea.

La primera de ellas es aprender a respetar las diferencias que inevitablemente surgirán en toda relación. Hay quienes piensan que en una buena relación las diferencias desaparecen. Ello no es efectivo. Una buena relación es aquella que logra manejar las diferencias desde el respeto”.

Recurrir a nuestra segunda herramienta. En la medida que reconocemos la existencia de esta brecha, podemos también hacernos cargo de ella, hacer una suerte de monitoreo y gestión de la brecha y procurar que ella no alcance proporciones críticas.

El respeto por las diferencias y la responsabilidad que desarrollemos por reducir la brecha son las dos grandes herramientas que disponemos para enfrentar el problema de la escucha”.
Texto de Rafael Echeverría

Por hoy, te voy a dejar tres herramientas básicas que puedes usar para reducir la brecha entre lo que escuchas y la interpretación que haces.

Verificar la escucha

Esto puede hasta sonar un poco básico, y de hecho, por esta razón, nos olvidamos de ponerlo en práctica.

“Espera un segundo. Déjame verificar si te entiendo bien. Entiendo que lo que me estás diciendo es…” .

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Compartir inquietudes

La inquietud que es el sentido por el cual decimos algo, una condición que nos lleva a hablar o a emitir una determinada acción.

“Dado que ha sucedido tal o cual cosa, que tiene tales implicaciones, sugiero que…”;  en este caso, la inquietud de la persona es SUGERIR.

Por supuesto, a veces, o la mayoría de las veces, se encuentran escondidas y no necesariamente la persona nos comunica directamente, como en el ejemplo, entonces es necesario preguntar sobre cuál es la inquietud que la lleva a decir lo que dice.

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Finalmente, Indagar

Para ello lo que hacemos es… preguntar, es pedirle al orador que nos proporcione más información de manera de afinar, de completar, de corregir, lo que hasta el momento hemos escuchado.

Cuando indagamos hacemos uso del habla para garantizar una mejor escucha.

Con la indagación hablamos para escuchar mejor, hablamos con el propósito de que el otro nos hable más.

Me voy a quedar aquí y en próximos artículos profundizaremos más sobre el tema de escuchar, ya que estoy convencida de que es el punto de partida para un mejor, más efectivo e influyente liderazgo.

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