agosto 28, 2020

Estoy aquí hoy por ti, a pesar de mí…, sí, a pesar de mi dolor, a pesar de mis pensamientos y a pesar de mis pérdidas.

Porque si algo ha hecho esta pandemia es quitarnos muchas cosas, nos ha quitado la libertad en todos los sentidos y también a muchos nos ha quitado seres queridos.

Y aunque también nos ha regalado cosas impensadas como el desacelerar la vida, compartir más con nuestra familia en casa, no vamos a negar que en todos estos meses de confinamiento algo ha pasado por nuestras vidas.

Por eso estoy aquí, para conversar contigo sobre lo que perdemos, sobre todo, cuando se va un ser querido y lo que podemos esperar de estos momentos, como siempre, desde mi punto de vista positivo, de estos lados que a veces no parecen tenerlo.

Y como muchísimos en esta pandemia hemos enfrentado la enfermedad o la muerte, o ambas, muy de cerca o, por qué no decirlo, hemos enfrentado la pérdida de nuestras llamadas libertades, quiero compartirte algunos aprendizajes que seguro pueden ayudarte:

  • No importa cuán astutos y cuidadosos seamos, a veces nos toca perder.

  • Nuestra condición en este mundo es implacablemente pasajera.

Como dice Serrat, cada momento de nuestra vida se muere para dar lugar al que sigue, cada instante que vivimos va a tener que morir para que nazca uno nuevo que nosotros después vamos a tener que estrenar.

Hace falta estrenar una nueva vida cada mañana si es que uno decide soportar la pérdida de la propia vida que terminó ayer.

Pero si sigues llevando la anterior, la anterior y la anterior tu vida se hace muy pesada.

A mí me parece que todo el misterio de poder lidiar con nuestras pérdidas no consiste en otra cosa que en animarse justamente a vivir los duelos, animarse a dolerse como parte del camino, animarse a padecer el dolor. Y digo el dolor, no el sufrimiento. Una vez más, sufrir es quedarse “amorosamente” vinculado a la pena como antes me vinculaba al placer que me daba lo perdido.

Comenzar de nuevo, dejar atrás, aprender otras formas, no depender de la mirada de alguien, caminar sin bastones… estas y no otras son las cosas que han hecho de nosotros, los adultos, las personas que finalmente somos.

Porque somos, en gran medida, el resultado de nuestro crecimiento y de nuestro desarrollo y tanto uno como otro dependen de la manera en que hayamos podido o no enfrentar nuestras pérdidas: experiencias penosas pero por lo dicho determinantes de nuestra manera de ser en el mundo, que incluye por supuesto la propia manera de enfrentar los duelos.

Leyendo este texto de Jorge Bucay, te animo a pensar en cómo nos levantamos después durante lo que hoy sucede y lo que sigue a partir de la pandemia.

 

Según Bucay, lo que me pasa a mí y a ti y a todos en un caso como éste recorre exactamente el mismo circuito:

  1. Percibo la situación del afuera.
  2. Me conecto con una determinada emoción.
  3. Movilizo una energía.
  4. La que se va a tener que transformar en acción
  5. Para que establezca contacto con esa situación concreta.
  6. Hasta que esa situación se agote.
  7. Y vuelva al reposo.

Entonces elaboremos desde aquí lo que te sucederá con lo que has perdido o aprendido, cómo podríamos llamarle en pandemia, y lo que sigue:

Puedes empezar por nombrar la situación que te encuentres viviendo, buena, mala o más o menos, así podrás darte cuenta de lo que sucede y verlo de otras perspectivas, desde afuera.

Segundo, conectarte con la emoción, SÍ, pregúntate qué realmente estás sintiendo, alegría, miedo, tristeza, amor, esperanza, dolor… etc., es muy importante que te conectes con esta parte de la existencia para poder avanzar.

De aquí, movilizarás una energía y esa se convertirá en acción, por eso es muy importante que nombres la situación y luego la emoción… recuerda de aquí viene la acción y con esto el resultado.

Ten presente esto para elaborar el camino desde el cual quieres proyectarte hacia delante después de lo que estamos dejando atrás con esta pandemia y también de lo que nos espera adelante.

A VECES SIENTO QUE PERDÍ EL PARTIDO…

Te cuento lo que yo perdí.. lo que enfrenté en este último mes y medio y de lo que voy aprendiendo… para nos sirva a ti y a mí para avanzar

El sábado 27 de junio fui diagnosticada positivo para COVID-19, tuve dos semanas críticas ya que es un virus desconocido, a veces no sabes a qué te enfrentas, lo que sí debo decir es que nunca pensé que iría para peor, siempre pensé en mejorar.

El virus me confirmó que tengo una hermana, madre y padre que siempre están pendientes de mí y que en esta época estuvieron aún más y: ¡estoy feliz por eso!

También que la presencia de los amigos y amigas a quienes les comenté sobre el tema (que debo decir eran pocos) fueron un gran soporte y aún cuando por momentos te sientes solo en esta enfermedad sabes que hay personas que siempre estarán ahí.

En Brasil, conocí al mejor veterinario del mundo, una persona humana al máximo de la expresión con quien también creamos grandes cosas, él me enseñaba a vivir en Río de Janeiro y yo le enseñé a hablar español, Renato hoy da conferencias por el mundo de habla hispana gracias a esto y yo pude entender la cultura carioca de una mejor manera.

Comprenderás la tristeza y dolor que hoy invaden mi corazón aún cuando intento cada día pensar en todos los momentos lindos que me dejó y en las cosas distintas que podré hacer, porque ella ya no está más conmigo, siento falta de abrazarla, de que vaya conmigo a hacer el desayuno, a cocinar y sobre todo en estos últimos 4 meses de confinamiento a hacer todo lo que hacíamos dentro de casa.

Estos dos últimos eventos son los que me han traído aquí para conversar contigo sobre las pérdidas, que es como empecé este post, sobre lo que obtenemos de ellas y, seguro, algunos conceptos que te dejé pueden servir para avanzar en esta época, donde por momentos parece que perdemos más que ganamos.

Gracias por leerme, ya que intenté grabar esto en un podcast pero no he podido.

Quizá la enfermedad pasó un poco desapercibida cuando el domingo 12 de julio, a las 03:20 de la tarde, me despedí de mi pequeña Sugar, que para mí era mi pequeña hija que me acompañó 15 años de vida, con miles de aventuras y grandes enseñanzas.

Me enseñó a luchar por lo que quiero, porque ella fue una luchadora incansable por la vida, tuvo dos veces cáncer y los últimos 4 años nos enfrentamos a una enfermedad llamada Síndrome de Cushing que es bastante compleja y, a pesar de eso, ella siempre estaba alegre, dicen que los perros y en general los animales viven el presente; cada día para ellos es un día y no piensan ni el pasado ni el futuro. Así era ella y con tal de estar conmigo y mi esposo era muy feliz.

Me acompañó los últimos 10 años a todas las mudanzas y cambios de país y culturas y me ayudó en esta travesía a hacer amigos… conocí muchas personas por ella, por ejemplo, en Lima a mi vecina y amiga María Gracia Shinkel con quien me encontraba en el elevador del edificio cada vez que paseábamos a las perritas, de ahí nació una gran amistad que dura hasta hoy.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Posts relacionados